El camino y testimonio de un matrimonio santo

Authored by Deacon James Keating in Issue #5.4 of The Catechetical Review

"El matrimonio de dos bautizados… tiene una relación real, esencial e intrínseca con el misterio de la unión de Cristo con la Iglesia…participa de su naturaleza…por lo tanto, el matrimonio tiene profundos cimientos y raíces en el misterio Eucarístico."

Esta visión espiritual del matrimonio, tal y como lo articuló el Cardenal Caffara, puede parecer novedosa, o incluso rara o “fanática” para el pensamiento de muchos de los miembros más jóvenes de la cultura occidental. La característica esencial del matrimonio hoy en día es que no tiene característica esencial. Es abierto y fluido y sin bordes. Nosotros somos los que decidimos qué es el matrimonio, y, por lo tanto, se ha involucionado desde sacramento hasta llegar a ser un “amor privado”. El mismo sentido de este “amor” es maleable, y su nexo con la procreación y la permanencia y lo divino se ha cortado. Sin embargo, para la Iglesia Católica, el matrimonio sigue siendo el misterio primordial, uno que revela el misterio del amor de Dios para con la humanidad. Esta revelación ha sido consistente desde el principio de la Biblia hasta el Novio, Cristo, que se da por completo en la Cruz para la Novia, la Iglesia (Is 62,5; Os 2,18-20; Jer 3,20; Ez 15,8-15; Mt 22,1-14; 9,14; 22,1-2; 25,1; Ef 5,32). El matrimonio revela que el mismo amor de Dios es libre y fiel; es una alianza perpetua y siempre dadora de vida. En lo hondo del sufrimiento del dar y recibir del uno y de la otra en el amor matrimonial, Dios mismo se da a conocer a la pareja. Uno no puede vivir una libre donación de sí de manera permanente y dadora de vida sin vislumbrar a Dios, aunque sean solo huellas, por los que, también, creen que el matrimonio es permanente pero que no es un sacramento. Ya que la misma naturaleza de Dios es el amor, y todo amor fiel busca la libre donación de sí de manera permanente y dadora de vida.

El matrimonio: un encuentro permanente con Cristo
Para la pareja comprometida católica, la naturaleza verdadera del matrimonio ha sido revelada específicamente en la Vida, muerte y Resurrección de Cristo. Y es en este misterio del mismo amor esponsal de Jesús que son insertadas todas las parejas católicas cuando ellos consientan en Cristo a amarse hasta el fin.

El amor esponsal del matrimonio católico no tiene significado privado ya que, desde su incepción, el amor de los esposos les trasciende. Como sacramento, el matrimonio es un encuentro permanente con el poder de la Vida y del Amor del mismo Cristo. Cada matrimonio permanece con Cristo y recibe el poder para amar por medio del Espíritu Santo. Con un Espíritu así, la pareja se ama con el amor con que Cristo amó a su Iglesia (CEC 1661).

El entendimiento cultural y político del matrimonio como amor privado dista mucho de esta comprensión dinámica y sagrada del matrimonio que es amar con el mismo amor con que Cristo ama. Dar fin a la noción más superficial y autodefinido del matrimonio solo se logrará a través de una única realidad poderosa: el testimonio de matrimonios católicos que beben profundamente de la visión mística del matrimonio. Con el término “mística” no me refiero a un matrimonio lleno de voces incorpóreas, levitaciones, o trances meditativos. Los matrimonios místicos se fundan sobre los misterios de Cristo, y estos misterios se comunican más común y poderosamente en la Liturgia Eucarística. Otramente dicho, para vivir un matrimonio místico, que invita a la cultura a que considere una comprensión más profunda y trascendente del amor matrimonial, una pareja necesita recibir su propia vida matrimonial de la Eucaristía. Permitir que la Eucaristía alimente el amor entre la pareja es ser “místico”.

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