El espíritu católico del descanso

Authored by James Gaston in Issue #6.2 of The Catechetical Review

Introducción
Cuando le comenté a mi esposa que estaba escribiendo un ensayo acerca del descanso, se suscitó el siguiente diálogo:

Esposa -No lo puedes hacer.-

Yo -¿Por qué no?-

Esposa -No sabes nada acerca de eso. Estás siempre trabajando en algo.-

Yo -Hay algo de cierto en lo que dices, pero el descanso no trata precisamente de lo que se hace cuando uno no está trabajando. Básicamente, es una actitud hacia la vida.-

Este es el punto principal: el descanso, correctamente comprendido, es una perspectiva que tenemos en cuanto al sentido de la vida y el vivirla de forma consecuente. Tal perspectiva, o espíritu, debería de fundamentar y unificar toda nuestra manera de ser. Para el cristiano, el verdadero Espíritu de la vida es Cristo. Cuando nuestro día consiste en el buen trabajo, bien ordenado e imbuido por Él, la vida debe y puede convertirse en una peregrinación personal que fluye de forma personal desde Él y vuelve hacia Él

El tema de la naturaleza y el papel del descanso es, por lo consiguiente, tema importante. De hecho, le ha intrigado y, a veces, consumido al hombre a lo largo de la historia, y con buena razón. Porque todos compartimos la necesidad de contestar a la pregunta eterna, “¿Qué debemos de hacer para obtener la felicidad?” La respuesta se relaciona de manera directa con la necesidad innata que tiene el ser humano de comprender la relación correcta entre lo espiritual y lo material; la obligación humana de discernir la naturaleza de la felicidad y los medios apropiados que debemos de buscar para asegurarla. La resolución propuesta, y el papel que tiene el descanso, varía mucho, como lo atestiguan las religiones del mundo, los grandes pensadores y las culturas que los acompañan.

Para el cristiano, la felicidad se encuentra en La Encarnación. Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera regresar a Dios. Pero, ¿cómo le hacemos para aceptar la promesa y la invitación que nos da Dios para liberarnos de modo que podamos regresar a Él? Debemos de servirle santa y rectamente: santamente en el sentido de que debemos amar a Dios y valorar los dones espirituales de la fe y de la razón, y rectamente en el sentido de que debemos ordenar nuestro día con un esfuerzo honrado por vivir una vida buena y honrosa. Porque tenemos que recordar que, sin Dios, en vano trabajamos, sin importar cuán sagaces y diligentes hemos sido al desempeñar nuestras labores cotidianas. Dicho sencillamente, el descanso no es el tiempo que disfrutamos tras terminar nuestro deber de ganarnos la vida. En lugar de eso, el descanso en verdad debería de ser ese tiempo especial que tomamos para discernir y reflexionar sobre el qué y el porqué de lo que deberíamos de estar haciendo en todos los aspectos de nuestra vida. Al permitirle a Dios que se encarne en toda nuestra forma de ser, podemos vivir una vida católica de descanso porque Él “guiará nuestros pasos por el camino de la paz”.

Sí, ciertamente es una enorme tarea, ya que el espíritu del catolicismo de descanso involucra a la totalidad de la vocación cristiana. Pero, lo único que queremos hacer aquí es volver a considerar nuevamente algunos de los aspectos fundamentales y prácticos del estilo de vida del cristiano, y hacerlo a pesar de las exigencias de nuestra sociedad moderna. Abordemos este proyecto como obra en tres partes. Primero, ratifica para ti mismo lo que constituye el espíritu cristiano de la vida, y el papel del descanso y del trabajo implícitos en ello. En segundo lugar, vuelve a considerar e implementar algunas destrezas diarias que ayudarán a incorporar y ordenar tu vida y tu trabajo. En tercer lugar, dale mayor vigor al sentido cristiano de la vida, viéndola como una peregrinación personal hacia Dios. Esta perspectiva y enfoque integral enriquecerá tu propia felicidad, y, a su vez, avivará tu llamado de amar y de guiar aquellas personas que están bajo tu cuidado.

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This article is from The Catechetical Review (Online Edition ISSN 2379-6324) and may be copied for catechetical purposes only. It may not be reprinted in another published work without the permission of The Catechetical Review by contacting editor@catechetics.com

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