La evangelización: clara y sencilla

Authored by André Regnier in Issue #5.3 of The Catechetical Review

Estamos en un siglo de inventos. Ahora no hay que tomarse ya el trabajo de subir los peldaños de una escalera. … Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección. … ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más.
Santa Teresita del Niño Jesús, La historia de un alma

Estas palabras sencillas, pero profundas, de Santa Teresita la Pequeña Flor ilustran algo revolucionario que he llegado a comprender acerca de cómo ser efectivo y fructífero en nuestros esfuerzos de evangelización en la cultura altamente secularizada en la que vivimos hoy en día. Hay una manera más fácil y más eficiente para invitar a esta generación a que abra su corazón a Jesucristo y, por la gracia, conducir a los hombres a una conversión profunda que les cambie la vida.

Para abrazar este sencillo enfoque a la evangelización, primero tendremos que reconocer el hecho de que ya no nos hallamos en la Cristiandad – el catolicismo cultural ha muerto. Por lo tanto, las condiciones para un camino a la conversión son muy distintas de las del pasado: “En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la Fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento…Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos se ponen cada vez más de manifiesto.

He visto, por medio de mi compromiso por evangelizar a los estudiantes de las universidades a lo largo y ancho de Canadá durante los últimos treinta años, que hay una creciente resistencia y oposición a la Iglesia y a lo que ella propone. Lo que es aparente es la falta de interés en las devociones de la Iglesia que en otro tiempo condujeron a nuestro pueblo hacia una conversión continua mayor. Mucha de nuestra gente no ve la relevancia de nuestros sacramentos, se opone a nuestras doctrinas, les tiene mucha antipatía a nuestros dirigentes, y opinan que gastamos demasiado dinero en nuestras hermosas iglesias.
Lo que es evidente es la creciente polarización entre los católicos que viven la Fe y las grandes multitudes que se han alejado de la Iglesia. Como resultado, ya no nos debemos de esperar a que el camino común a una vida católica vaya a ser el mismo. A medida que crezca la brecha entre los creyentes y los no creyentes, los evangelizadores deben de estar listos para navegar conversiones que son significativamente más decisivas y dramáticas.

El camino comprobado y cierto hacia una conversión más profunda y continua sigue siendo relevante para las personas establecidas dentro de la Iglesia, pero para las enormes multitudes que no están dentro de la Iglesia, que no conocen a Cristo o que no lo conocen suficientemente bien, consideremos un camino más rápido. Santa Teresita, quien se inspiraba en el heroísmo y fortaleza de carácter de los grandes santos, se consideraba incapaz de seguirles: “soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección”. Descubrió una nueva vía hacia la perfección presentándose sencillamente al Padre como niña pequeña, pidiéndole que la tomara en sus brazos para experimentar su Amor: “¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús!”
Reconociendo cuán lejos se han alejado de la Fe muchos de esta generación, invitémosles a que entren por medio de un ascensor, que abran su vida a una relación con Jesucristo. Esta relación de amor les abrirá los ojos a la belleza de la Iglesia Católica y a un deseo mayor de una conversión más profunda y continua. Dicho esto más claramente, debemos de comenzar por medio de la evangelización y darle seguimiento con la catequesis.

El Sínodo sobre la Nueva Evangelización del 2012 intentó traer claridad al lugar de la evangelización dentro de la Iglesia. Lo que se hizo patente entre los participantes fue la confusión en lo que se refiere al mensaje que debemos de proclamar. Para fomentar una mayor claridad, el Sínodo le propuso al Papa Benedicto XVI la necesidad de desarrollar “una enseñanza sistemática sobre el kerigma” que pudiera utilizarse para formar a los fieles en su obra de evangelización.
En mi experiencia, la evangelización es fructífera y efectiva cuando el evangelizador habla de forma clara y sencilla y tiene confianza en el poder sobrenatural del mensaje evangélico para cambiar vidas. Examinemos cinco principios para un proceso efectivo y fructífero de evangelización que comience con un encuentro con Jesús.

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This article is from The Catechetical Review (Online Edition ISSN 2379-6324) and may be copied for catechetical purposes only. It may not be reprinted in another published work without the permission of The Catechetical Review by contacting editor@catechetics.com

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