Misioneros de esperanza hoy

Authored by Pope Francis in Issue #4.2 of The Catechetical Review

Status message

This is a free online article available for non-subscribers. Start your subscription today!

En efecto, el cristiano no es un profeta de desventura... La esencia de su anuncio es lo opuesto, lo opuesto a la desventura: es Jesús, muerto por amor y que Dios resucitó la mañana de Pascua. Y este es el núcleo de la fe cristiana.

Si los Evangelios se parasen en la sepultura de Jesús, la historia de este profeta se sumaría a las muchas biografías de personajes heroicos que pasaron su vida por un ideal. El Evangelio sería entonces un libro edificante, también de consulta, pero no sería un anuncio de esperanza.

Pero los Evangelios no se cierran con el viernes santo, van más allá; y es precisamente este fragmento posterior el que transforma nuestras vidas. Los discípulos de Jesús estaban abatidos aquel sábado después de su crucifixión; aquella piedra en la puerta del sepulcro había cerrado también los tres años emocionantes vividos por ellos con el maestro de Nazaret. Parecía que todo había acabado, y algunos, desilusionados y asustados, estaban ya dejando Jerusalén.

¡Pero Jesús resurgió! Este hecho inesperado voltea y subvierte la mente y el corazón de los discípulos. Porque Jesús no resurge solo por sí mismo, como si su renacimiento fuera una prerrogativa de la que estar celoso: si sube hacia el Padre es porque quiere que cada ser humano tome parte en su resurrección y que cada criatura sea arrastrada hacia arriba. Y en el día de Pentecostés los discípulos se transformaron en el aliento del Espíritu Santo.

No tendrán solamente una hermosa noticia que llevar a todos, sino que serán ellos mismos diversos que antes, como renacidos en una vida nueva. La resurrección de Jesús nos transforma con la fuerza del Espíritu Santo. Jesús está vivo, está vivo entre nosotros, está vivo y tiene esa fuerza de transformar.

¡Qué bonito es pensar que se es anunciador de la resurrección de Jesús no solamente de palabra, sino con hechos y con el testimonio de la vida! Jesús no quiere discípulos capaces solo de repetir fórmulas aprendidas de memoria. Quiere testigos: personas que propaguen esperanza con su modo de acoger, de sonreír, de amar. Sobre todo de amar: porque la fuerza de la resurrección hace que los cristianos sean capaces de amar incluso cuando el amor parece haber perdido sus razones. Hay un «más» que vive en la existencia cristiana y que no se explica simplemente con la fuerza de ánimo o un mayor optimismo.

La fe, la esperanza nuestra no es solo un optimismo; es otra cosa, ¡más! Y como si los creyentes fueran personas con un «pedazo de cielo» de más sobre la cabeza. Es hermoso esto: nosotros somos personas con un pedazo de cielo de más sobre la cabeza, acompañados de una presencia que alguno no es capaz ni siquiera de intuir.

Así, el deber de los cristianos en este mundo es el de abrir espacios de salvación, como células de regeneración capaces de restituir la savia a aquello que parecía perdido para siempre. Cuando el cielo está completamente nublado, es una bendición quien sabe hablar del sol.

El verdadero cristiano es así: no quejumbroso y enfadado, sino convencido, por la fuerza de la resurrección, de que ningún mal es infinito, ninguna noche dura sin fin, ningún hombre está definitivamente equivocado y ningún odio es invencible por el amor. Claro, alguna vez los discípulos pagarán con un alto precio esta esperanza dada a ellos por Jesús. Pensemos en tantos cristianos que no han abandonado su pueblo, cuando ha llegado el tiempo de la persecución.

Se han quedado allí, donde incluso el mañana era incierto, donde no se podía hacer proyectos de ningún tipo, se quedaron esperando en Dios. Y pensemos en nuestros hermanos, en nuestras hermanas de Oriente Medio que dan testimonio de esperanza y también ofrecen la vida por este testimonio. ¡Estos son verdaderos cristianos! Estos llevan el cielo en el corazón, mirando más allá, siempre más allá.

Quien ha tenido la gracia de abrazar la resurrección de Jesús puede aún esperar lo inesperado. Los mártires de cada tiempo, con su fidelidad a Cristo, cuentan que la injusticia no es la última palabra en la vida. En cristo resucitado podemos continuar esperando. Los hombres y las mujeres que tienen un «por qué» vivir resisten más que los demás en los tiempos de desventura.

Pero quien tiene a Cristo a su propio lado realmente ya no teme a nada. Y por eso los cristianos, los verdaderos cristianos, nunca son hombres fáciles y acomodados.

Su mansedumbre no se confunde con un sentido de inseguridad y de sumisión. San Pablo espolea a Timoteo a sufrir por el Evangelio y dice así: «Dios nos ha dado un espíritu de timidez, pero de fuerza, de caridad y de prudencia». (2 Tm 1, 7).

Caídos, se levantan siempre. He aquí, hermanos y hermanas, por qué el cristiano es un misionero de esperanza. No por su mérito, sino gracias a Jesús, el grano de trigo que no cae en la tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto (cf Jn 12, 24).

Audiencia General Plaza de San Pedro, Miércoles 4 de octubre de 2017, aquí.


This article is from The Catechetical Review (Online Edition ISSN 2379-6324) and may be copied for catechetical purposes only. It may not be reprinted in another published work without the permission of The Catechetical Review by contacting editor@catechetics.com

Articles from the Most Recent Issue

Editor’s Reflections: On Incarnational Coherence
By Dr. James Pauley
Free Beneath the Basilica of the Annunciation in Nazareth is the place where tradition tells us the Angel appeared to the Blessed Virgin Mary. An altar stands in this grotto, inscribed with these words: “verbum caro hic factum est” (the Word became flesh here ). The Incarnation of God’s Son into human flesh is not a myth or fairy tale. It is an... Read more
Finding God in an Unexpected Place
By Sr. Carino Hodder, OP
Free When John Everett Millais’ Christ in the House of His Parents was first displayed at the Royal Academy, the public response was near-universal revulsion. At that time it bore no title but Zechariah 13:6: “And one shall say unto him, What are these wounds in thine hands? Then shall he answer, Those with which I was wounded in the house of my... Read more
Antiquum Ministerium: Instituting the Ministry of Catechist
By Monsignor John Pollard
On May 10, 2021, Pope Francis formally instituted the ministry of catechist with the apostolic letter Antiquum Ministerium , which he issued motu proprio , or on his own initiative and under his personal signature. An initial reaction to the formal institution of the role of catechist might be to wonder, “So what’s new?” The role of catechist has... Read more

Pages

Watch Tutorial Videos

We've put together several quick and easy tutorial videos to show you how to use this website.

Watch Now