Regalándole nuestro corazón a Jesús

Authored by Adam Janke in Issue #5.1 of The Catechetical Review

Un día hace como 6 años, mientras trabajaba como Director de Formación Religiosa en una parroquia católica rural, estaba en mi oficina echando un vistazo a Facebook. Vi la imagen de un evangelista católico en un malecón público evangelizando a un hombre que portaba un casco de Darth Vader y montado en un monociclo. Por supuesto que tuve que darle clic al link para leer la historia acerca de St. Paul Street Evangelization (Evangelización Callejera San Pablo). Me puse en contacto con el apostolado y eché a andar un equipo en mi parroquia. Admito que en realidad no me esperaba a que la evangelización directa fuera fructífera, o por lo menos que una conversación que duraba 2 minutos con alguien que nunca en mi vida había conocido antes pudiera llevar a una conversión genuina hacia Jesucristo y su Iglesia. Pensé que la mayor parte de nuestro trabajo sería discutir acerca de la doctrina y sembrar semillas. En fin de cuenta, ¿no iba todo el mundo paseando por la calle preguntándose si los católicos adoran a María?

Por lo tanto, no sabía cómo reaccionar cuando, la segunda vez que salí a evangelizar en nuestra comunidad, conocimos a un señor, Tomás, quien acababa de leer el Catecismo de la Iglesia Católica y quería saber más acerca de Jesús. No conocía a ningún católico y tenía demasiado miedo de entrar en un templo católico al azar. Quedé asombrado cuando, tras nuestra explicación del Evangelio, su corazón “ardía dentro” y quiso saber qué hacer a continuación.

¿Cómo íbamos a ayudarle en ese momento a satisfacer su necesidad de Jesús en su vida? Sabía que mi sacerdote no le iba a gustar si mi equipo lo bautizaba allí mismo en ese momento. Pero decirle que se “uniera a un programa” tampoco era una respuesta satisfactoria. Y un programa que comenzaba varias semanas más adelante no se dirigía a su necesidad de una relación con el Salvador quien lo ama ahora mismo.

En su discurso a los obispos de las Filipinas del 18 de febrero del 2011, el Papa Emérito Benedicto XVI declaró que “vuestra gran tarea en la evangelización es proponer una relación personal con Cristo como clave para la realización plena”. Ese momento en la calle quizás no haya sido el momento preciso para bautizar a Tomás, pero sí fue el momento perfecto para presentarle a Jesús. Oramos juntos para agradecerle a Dios por la vida de Tomás, arrepentirnos de nuestros pecados, y pedirle a Cristo a que entrara al corazón de Tomás y que le diera todas las gracias que Dios le tenía guardadas. Lo conducimos hacia Jesús.

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